Más maíz con menos agua: cómo el riego por goteo impulsa el rendimiento del maíz blanco en Sinaloa.
En un contexto de altos costos, bajos precios y escasez de agua, el riego por goteo en Sinaloa muestra cómo es posible producir más maíz blanco con menos agua y mejores márgenes.
En un contexto de altos costos, bajos precios y escasez de agua, el riego por goteo en Sinaloa muestra cómo es posible producir más maíz blanco con menos agua y mejores márgenes.
En México, producir maíz blanco nunca ha sido solo una actividad agrícola: es sostener la base la alimentación del país. Las tortillas, la masa, los antojitos, buena parte de la cocina diaria dependen de este grano. Detrás de cada kilo de maíz blanco hay historias de productores que, año con año, se juegan su ingreso, sus créditos y muchas veces el futuro de su familia en una decisión: sembrar o no sembrar.
Hoy esa decisión es más difícil que hace unos años. En el último reporte del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, publicado en marzo de 2026, la demanda de granos en México seguirá fuerte en 2026, impulsada por el crecimiento de la población, la expansión de los sectores avícola y porcino y un contexto económico moderadamente positivo. Al mismo tiempo, el país seguirá siendo un gran importador de granos básicos, porque la producción nacional no alcanza a cubrir la demanda.
Para el ciclo comercial 2025/2026, el consumo total de maíz en México se estima en alrededor de 51.5 millones de toneladas, y para 2026/2027 se proyecta que llegue a 52.5 millones de toneladas. De ese volumen, el maíz destinado al consumo humano incluyendo tortillas, masa y otros alimentos, se estima en más de 19 millones de toneladas, considerando tanto el mercado como el autoconsumo rural. En 2025/2026, las importaciones de maíz se calculan en 26.5 millones de toneladas, más de la mitad del consumo total, y para 2026/2027 se espera que suban a 26.8 millones, con Estados Unidos abasteciendo la gran mayoría de ese volumen.
Según datos del SIAP, representa aproximadamente 19 por ciento del valor total de la producción agrícola del país, lo que lo convierte en el cultivo más valioso de México.

Un mercado de maíz con alta demanda, pero menos incentivos para sembrar.
Que la demanda de maíz esté creciendo no significa que sembrar maíz sea hoy un buen negocio para todos. El USDA proyecta que la producción de maíz en México para el ciclo 2026/2027 caiga alrededor del 3 por ciento, ubicándose en 24.5 millones de toneladas, con una reducción en el área cosechada de 4 por ciento, hasta unas 6.4 millones de hectáreas. Tanto la producción como el área se sitúan aproximadamente 7 por ciento por debajo del promedio de los últimos diez años, lo que indicia una tendencia sostenida a la baja.
En este contexto, el encarecimiento de fertilizantes como la urea y el fosfato diamónico, que pueden representar hasta 35 por ciento de los costos de producción de maíz presiona todavía más las decisiones de siembra. El resultado es que muchos productores se están viendo orillados a reducir superficie, bajar la dosis de insumos o cambiar de cultivo, justo cuando la demanda nacional de maíz sigue creciendo.
Agua, clima y decisiones: producir maíz en un país vulnerable a la sequía.
El maíz en México se cultiva tanto en temporal como bajo riego, pero en ambos casos el agua se ha convertido en el factor que define la viabilidad del cultivo. El reporte del USDA señala que en el ciclo 2025/2026 la producción creció hasta 25.3 millones de toneladas, apoyada en un aumento de área y una mejor disponibilidad de agua, especialmente en el ciclo primavera-verano. Sin embargo, esa recuperación no elimina el riesgo: solo lo aplaza.
En el ciclo otoño-invierno de 2025/2026, la superficie plantada de maíz aumentó cerca de 9 por ciento hasta unas 950 mil hectáreas, gracias a una recuperación parcial de los niveles de las presas. En Sinaloa, la superficie de maíz otoño-invierno se incrementó aproximadamente 59 por ciento, llegando a poco más de 347 mil hectáreas de acuerdo con datos del comité estatal de sanidad vegetal. Aun así, ese nivel seguía 26 por ciento por debajo del área autorizada. Hacia febrero de 2026, los embalses de Sinaloa estaban solamente al 29 por ciento de su capacidad, y todavía alrededor del 6 por ciento del estado se encontraba bajo condiciones de sequía moderada.
Para el productor de maíz blanco, cada vez es más difícil asegurar agua suficiente para todo el ciclo, y cada metro cúbico tiene más valor. La pregunta ya no es solo cuánto puede producir su tierra, sino cuánto puede producir con el agua que realmente tiene disponible.
El productor en medio: costos, deudas y la necesidad de producir más con menos.
En este contexto, los precios del maíz blanco tienden a la baja por una combinación de mayores importaciones incluyendo un aumento cercano al 25 por cientos en las compras de maíz blanco estadounidense y existencias internas elevadas.
El gobierno federal ha mantenido y ampliado programas como Precios de Garantía, Producción para el Bienestar, Fertilizantes para el Bienestar y apoyos específicos por tonelada producida de maíz blanco. Los Productores necesitan encontrar formas de mejorar su rentabilidad a partir de la eficiencia productiva, es decir, produciendo más toneladas por hectárea y por metro cúbico de agua, con un manejo más preciso de insumos. Ahí es donde la tecnificación del riego empieza a jugar un papel decisivo.

Riego por goteo: una estrategia de eficiencia en un entorno de sobreoferta y bajos precios.
Cuando los precios bajan y los costos suben, la única manera de mantener margen es reduciendo el costo por tonelada producida o aumentando el rendimiento sin incrementar proporcionalmente los gastos. En los sistemas de maíz bajo riego, una parte clave del costo está asociada al uso del agua, la energía para moverla y la forma de aplicar los fertilizantes. El riego por gravedad, que sigue siendo común en muchas zonas, requiere láminas de entre 750 y 850 milímetros por hectárea, con pérdidas importantes por escurrimiento, evaporación y percolación profunda. Es un sistema que, obliga a aplicar más agua de la necesaria para garantizar que todo el lote reciba lo mínimo indispensable. Esa ineficiencia se traduce en más costos de energía, mayores cuotas de agua y, muchas veces, estrés hídrico en partes del terreno que no reciben la misma cantidad de agua.
El riego por goteo al llevar el agua directamente a la zona radicular y permitir aplicaciones más frecuentes y ligeras, ayuda a mantener una humedad más estable en el suelo y a reducir el estrés del cultivo, especialmente en etapas críticas como la floración y el llenado de grano. Esto se traduce en una mayor eficiencia del agua: más kilos de maíz por cada metro cúbico aplicado. disminuye el volumen de agua que el productor necesita solicitar, bombear o distribuir, lo que reduce el costo asociado al uso del recurso y a la energía.
El goteo integra la fertilización al riego. En lugar de aplicar grandes cantidades de fertilizante al inicio y esperar que la lluvia o el riego lo lleven a la raíz, el productor puede fraccionar las dosis y suministrarlas justo cuando la planta más las necesita y mejorando la respuesta del cultivo, reduciendo las pérdidas por lixiviación y volatilización.
Cuando se suman estos factores; menos agua, mejor uso de fertilizantes, menor variabilidad dentro del lote y rendimientos más altos, el efecto directo se ve en el costo por tonelada. Incluso si el costo inicial de instalar un sistema de riego por goteo es más alto, la combinación de mayor rendimiento y permite diluir esa inversión en varias cosechas y mejorar la rentabilidad de cada una.

El caso de Los Mochis, Sinaloa: 30 por ciento más rendimiento con 30 por ciento menos agua.
En la práctica, ¿qué significa esto para un productor de maíz blanco? El caso de una agrícola en Los Mochis, Sinaloa, ayuda a responder esa pregunta desde la realidad del campo.
En 2024, esta unidad de producción decidió tecnificar 19 hectáreas de maíz blanco para grano, híbrido DK-40500, en un suelo franco arcilloso con pH cercano a 7. La siembra se realiza entre octubre y diciembre, fuera de la temporada de lluvias, por lo que el cultivo depende completamente del agua almacenada en las presas. En años previos, la escasez de agua y las restricciones en los volúmenes autorizados habían complicado cada vez más el manejo. Con riego por gravedad, el productor lograba rendimientos de entre 12 y 13 toneladas por hectárea, gracias a una buena fertilización y experiencia en el manejo del cultivo, pero cada ciclo era una apuesta contra los recortes de riego y a la disponibilidad del agua.
Ante este escenario, se optó por instalar un sistema de riego por goteo con la línea StreamlineTM X, diseñada para operar con alta uniformidad en suelos de textura media a pesada. El objetivo no era únicamente aumentar el rendimiento, sino usar el agua disponible de manera más eficiente, reducir la lámina aplicada y disminuir la dependencia de decisiones externas sobre los volúmenes de riego.
La lámina total aplicada se redujo unos 530 milímetros por hectárea, es decir alrededor de 30 por ciento menos agua que con el sistema de gravedad. A pesar de ello, el rendimiento alcanzó las 17.5 toneladas por hectárea, un incremento cercano al 30 por ciento respecto al promedio anterior.
Este resultado no solo refleja una mayor eficiencia hídrica, sino una mejora notable en la estabilidad del cultivo. Al aplicar menos agua por evento, pero con mayor frecuencia, el maíz evitó los “picos” de excesos y déficit de humedad que suelen presentarse en los sistemas tradicionales, lo que se tradujo en plantas más parejas, mejor llenado de mazorca y menor impacto del estrés térmico durante las etapas críticas.
La inversión en el sistema de goteo empezó a recuperarse desde el primer ciclo, no solo por la diferencia de rendimiento, sino por el ahorro en agua, energía y mano de obra necesaria para operar el riego. Para el productor, se traduce en un costo por tonelada más competitivo y en una mayor capacidad para soportar ciclos de precios bajos.

Lo que este caso significa para el productor de maíz blanco en México.
Cada región tiene sus particularidades de suelo, clima y acceso al agua, y ningún sistema tecnológico es una solución única para todos. Pero el ejemplo de Los Mochis, leído a la luz del contexto nacional descrito, deja un mensaje claro: en un mercado donde la demanda de maíz sigue creciendo, pero los precios al productor están presionados por la sobreoferta y las importaciones, la diferencia entre mantenerse en la actividad o tener que abandonarla pasa, cada vez más, por la eficiencia en el uso del agua y de los insumos.
El riego por goteo es una herramienta para producir más maíz blanco con menos agua, reducir la vulnerabilidad frente a los recortes de riego y mejorar la relación entre costo y rendimiento. Para quienes viven del maíz, esto significa tener más margen para enfrentar la volatilidad del mercado y más posibilidades de sostener su proyecto productivo en el tiempo. Las decisiones tecnológicas pueden marcar la diferencia entre producir al límite o producir con futuro, entre vivir a la defensiva o recuperar cierta tranquilidad en la planeación de cada ciclo.

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